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MENSAJE PASTORAL DEL OBISPO DE LOJA

ANTE LA SITUACIÓN DEL PAÍS

Loja, 02 de marzo de 2018 

 “La corrupción es en sí misma también un proceso de muerte:

 cuando la vida muere, hay corrupción” (Francisco)

 

 Estas fuertes palabras del Papa Francisco nos deben llamar a todos a la reflexión. Lamentablemente estamos viviendo en nuestro país este proceso de muerte y lo peor que nos puede pasar es que nos acostumbremos a ello y lleguemos a creer que este proceso de corrupción en nuestra sociedad es algo natural.

 

Lo es natural en un ser vivo, pero no lo es, y no lo podrá ser nunca, en la sociedad; a pesar de que “la corrupción es un problema presente siempre en los políticos poderosos, en los empresarios que les pagan mal a sus trabajadores y en las amas de casa que explotan a sus empleadas” (Francisco). La lista podría seguir, si en realidad nos hacemos un examen de conciencia. Nadie, creo que nadie, puede decir que está libre de este proceso de muerte, podemos caer en él si es que no estamos atentos.

 

Quizás el peligro más grave es el que la corrupción se vuelva habitual. Es un mal metido en la mente y en el corazón de muchos. Un mal que va echando raíces difíciles de extirpar, un mal que nos destruye como sociedad y como personas, un mal al que debemos temer más que al pecado, como lo dice Francisco: “Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. El corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás…”

 

No podemos llegar a dejar que el corrupto se crea un vencedor, que se pavonee en medio de nosotros menospreciando a aquellos que trabajan honradamente y que logran muchas veces sobrevivir con dificultad. He escuchado a muchas personas, a jóvenes de manera especial, el sentirse desilusionados y desesperanzados ante tanta corrupción. No logran comprender el por qué el deshonesto “triunfa” y no es sancionado como se merece por una sociedad que habla de justicia y de honradez pero que está manchada por la corrupción. Y lo que es más grave, es que llegan a considerar que el engañar, el robar, el aprovechar la situación de un cargo público, o cualquier situación, sea lo habitual y lo que se debe hacer.

 

Ya los obispos del Ecuador, en la Carta “Convocados a caminar juntos”, de enero de 2017, pedíamos un “Compromiso ético” a los candidatos presidenciales en ese momento y a quienes resultaran elegidos. Señalábamos claramente que “La ética política pide a todos, una conducta moral intachable”. Afirmábamos además con claridad que “Resulta escandaloso que la corrupción se dé al tiempo en que miles de personas viven en el desempleo y las familias humildes experimentan graves necesidades. Los ciudadanos claman por un ejercicio honesto del poder”

 

Ese clamor no se ha apagado, más bien, hoy es más fuerte que antes. Hoy se contraponen denuncias contra denuncias, pero muchos se sienten engañados y llegan a creer que es más de lo mismo y hasta cierto punto una cortina de humo o una farsa bien montada. Se va perdiendo la esperanza en un sistema judicial y en un compromiso expresado por luchar contra toda corrupción.

Por eso, la Presidencia de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, en un nuevo comunicado al país, ha ratificado su rechazo a “todo tipo de corrupción” y renovando la invitación a “luchar para que ésta desaparezca de nuestro tejido social y para que ninguno de los ecuatorianos justifique, tolere o la relativice” (Comunicado del 01/032018).

 

Lo grave es que “el corrupto no percibe su corrupción. Es como el mal aliento: difícilmente quien lo tiene se da cuenta, son los otros quienes se percatan y deben decirlo. Por tal motivo, difícilmente el corrupto podrá salir de su estado a través de su conciencia” (Francisco).

¿Qué hacer contra este mal social que nos está destruyendo? Me permito señalar, como pastor de mi pueblo, unos pedidos y al mismo tiempo compromisos:

 

  1. No podemos dejar de luchar contra la corrupción. Cada uno debe tomar conciencia de este grave mal, que nos acecha a todos. Nadie está exento. Miremos hacia nuestro interior y démonos cuenta si hemos caído en dicho mal, sea en pequeño o a gran escala. Cada uno tiene que extirpar de su corazón y de su conciencia todo indicio de corrupción y toda acción que va en contra de la honradez. Tengamos conciencia que “esta lucha nos compromete a todos” (Francisco)
  2. Como país debemos enfrentar contra la corrupción, no con palabras, sino de manera efectiva. Pido, desde esta tierra fronteriza, que el Señor Presidente no desista en su lucha contra la corrupción. Es realmente una “cirugía mayor” la que debe aplicar, pero debe hacerlo ya, sin miedo, sin demora, sin desmayar. Todo un país se lo agradecerá, porque el control y la fiscalización, “es un derecho social que tienen los ciudadanos” (Carta “Convocados a caminar juntos”).
  3. Pedir a la justicia ecuatoriana un compromiso real contra la corrupción. No queremos un sistema judicial envuelto en la corrupción y que sea selectivo en las denuncias, esto equivaldría a “una red que captura solo los peces pequeños, mientras deja a los grandes libres en el mar” (Francisco).
  4. Sabemos que “hay pocas cosas más difíciles que abrir una brecha en un corazón corrupto” (Francisco), y me atrevería a decir que también en una sociedad que se ha corrompido. Pero, como cristianos, no podemos ni debemos perder nunca la esperanza. Seamos conscientes de que “el Señor no se cansa de llamar a las puertas de los corruptos. La corrupción no puede contra la esperanza” (Francisco).
  5. Mantengámonos firmes en nuestros principios y valores de honradez, honestidad, libertad, respeto y verdad; y formemos en esos principios a los niños y jóvenes. Que no nos arrastre la corriente del mal. Aunque podamos parecer pocos, sé que somos muchos los que día a día queremos vivir en la Verdad que Cristo nos trajo y la Vida plena que Él nos dio.
  6. Anhelo que los jóvenes se preparen “de una mejor manera para construir una nueva forma de hacer política, entendida como caridad colectiva y servicio al pueblo” (Comunicado de la Presidencia de la CEE del 01/03/2018). Para ello, deben ser “fuertes y valientes”, como les pide el Papa Francisco.

 

Estamos en Cuaresma, un tiempo para volver nuestra mirada a Dios, a nuestro corazón y al hermano. El mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma 2018, titulado “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”, es muy significativo. No dejemos que se enfríe nuestro corazón ni nuestra voluntad para luchar contra toda corrupción y contra todo mal.

 

Unidos en Cristo que nos hace libres

 

 

+ Alfredo José Espinoza Mateus, sdb

Obispo de Loja