¡GRACIAS DON BOSCO, PORQUE TU SUEÑO HA DESPERTADO MI VIDA!

Gracias a Don Bosco, soñar se ha transformado para mí, en una actividad sagrada en cuanto me cuestiona, me moviliza, me inquieta, me saca de mi rutina y me invita a dialogar con el Señor y preguntarle: ¿Qué quieres de mí? ¿Voy bien por este camino?¿Te hago feliz con la vida de servicio que llevo? ¿Qué me falta para ser un instrumento tuyo? ¿Cómo puedo vivir mejor? ¿Esto es lo que soñaste para mí?

Para mí es imposible hablar del vínculo que tengo con Don Bosco sin comenzar por decir algo sobre su misteriosa experiencia con los sueños. En primer lugar, porque creo que lo que ha hecho él en mi propio camino de búsqueda, ha sido, enseñarme a vivir tras un sueño. Ese sueño que en primer lugar hay que esforzarse por interpretar para descubrir su mensaje, su contenido, en definitiva: su sentido. Ese trabajo de largo e intenso discernimiento fue el que llevó a Juanito Bosco a ser un buscador inquieto de una comprensión para el sueño que tuvo a los 9 años, y que por lo demás, se le repitió otras veces más en su historia. Desde niño me sentí atraído por una extraña fascinación hacia sueño de Don Bosco, lo encontraba enigmático, misterioso y a la vez profundamente revelador.

Con el tiempo fui entendiendo que más allá de las imágenes y del relato mismo, las consecuencias fueron muy poderosas para su vida. Creo que don Bosco entendió que si él soñaba, era porque había sido creado por un Dios que sueña. Esto ha sido decisivo para mi propia vocación ya que he pasado gran parte de mi vida intentado responder a las preguntas: ¿Cómo me sueña Dios? ¿Cuál es el sueño que Dios tiene para mí? ¿El sueño de Dios corresponderá a mis propios sueños?

Más allá de si he dado con las respuestas adecuadas, o incluso con una buena formulación de las preguntas, me quedo nuevamente con las consecuencias de lo que significa establecer contacto con mis propios sueños, al igual que don Bosco. De acuerdo a mi propia experiencia, ellos me han puesto de cara a un futuro cargado de esperanza, de prospecciones sugestivas, de energías, fuerzas y emociones nuevas. Aquello en contraposición a muchas actitudes con las cuales solemos encontrarnos en nuestros ambientes, en donde el pesimismo y la negatividad están a la orden del día. Sin embargo, a pesar de aquello, los sueños únicamente me han sacado de mi individualismo abriéndome a un horizonte prometedor. Me han hecho imaginarme en el mejor de los escenarios posibles, el de una vida alegre.

Me han puesto en sintonía con una misión concreta de servicio y entrega a los jóvenes, de anuncio y profecía, de vida y trascendencia, de amor y pasión por Dios y la humanidad. Ellos, los sueños, alimentan mi presente dándome motivos suficientes para levantarme en la mañana y dar gracias a Dios por la vida que llevo, por los hermanos conforman mi cotidianeidad, por los jóvenes que el Señor pone en mi andar y que desean aprender a vivir bien, por la gente que necesita escuchar un mensaje liberador.

Gracias a Don Bosco, soñar se ha transformado para mí, en una actividad sagrada en cuanto me cuestiona, me moviliza, me inquieta, me saca de mi rutina y me invita a dialogar con el Señor y preguntarle: ¿Qué quieres de mí? ¿Voy bien por este camino?¿Te hago feliz con la vida de servicio que llevo? ¿Qué me falta para ser un instrumento tuyo? ¿Cómo puedo vivir mejor? ¿Esto es lo que soñaste para mí? Espero que estas pequeñas palabras sirvan para que tu vida pueda abrir espacio a sueños cada vez más altos, sueños que se encuentren con el sueño que Dios tiene para tu vida.

¡Gracias Don Bosco porque tu sueño ha despertado mi vida!

Félix Levin sdb.

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