
Loja vivió con fe y alegría la celebración de la Natividad de la Santísima Virgen María, una de las fiestas marianas que la Iglesia conmemora cada 8 de septiembre. En esta fecha, la comunidad católica se reúne para recordar el nacimiento de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, contemplando en ella a la mujer elegida por Dios para colaborar de manera singular en el misterio de la salvación.
En la ciudad de Loja, la celebración tuvo como escenario los exteriores de la Iglesia Catedral, donde se desarrolló una Eucaristía Campal, que congregó a numerosos fieles, sacerdotes y devotos de la Virgen María.
La Santa Misa fue presidida por Mons. Marcos Aurelio Pérez Caicedo, Arzobispo de Cuenca, quien acompañó a la comunidad lojana en esta significativa jornada de fe y devoción mariana.
Las actividades comenzaron con las tradicionales Mañanitas a la Virgen, expresión de cariño y gratitud hacia María, que estuvieron acompañadas por la participación de varios artistas. Este momento permitió a los fieles preparar el corazón para la celebración eucarística y rendir homenaje a la Madre de Jesús.
Posteriormente, los fieles participaron de la Eucaristía, elevando sus oraciones y peticiones a Dios por medio de la intercesión de la Virgen María. Al finalizar la celebración, la comunidad acompañó a la imagen de la Virgen en una procesión por las principales calles de Loja, manifestando públicamente su fe y devoción mariana.
La Natividad de la Virgen María, celebrada el 8 de septiembre, recuerda el nacimiento de aquella que fue llamada a ser la Madre del Salvador. La fecha se celebra nueve meses después de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, que la Iglesia conmemora el 8 de diciembre.
Para la Iglesia, esta fiesta no contempla únicamente el nacimiento de María, sino que dirige la mirada hacia Jesucristo, pues el nacimiento de la Virgen está profundamente unido al misterio de la Encarnación. San Juan Pablo II explicó que María aparece como la «aurora» que precede al Sol de la salvación, Cristo.
De esta manera, la comunidad católica de Loja vivió esta jornada como una oportunidad para renovar su amor a María y, siguiendo su ejemplo de fe, humildad y disponibilidad a Dios, fortalecer su camino hacia Cristo.
La celebración concluyó con la tradicional procesión, en medio de cantos y oraciones, dejando en las calles de la ciudad el testimonio de una Iglesia que camina junto a María y que, por medio de ella, dirige siempre su mirada hacia Jesús.









