
El jueves 26 de marzo la Iglesia lojana vivió una de las celebraciones más relevantes de su calendario litúrgico con la Misa Crismal, desarrollada en la Iglesia Catedral y presidida por Monseñor Walter Heras. Esta eucaristía congregó a todo el presbiterio en un claro signo de unidad, comunión y corresponsabilidad en la misión pastoral.
En el marco de esta celebración se llevó a cabo la bendición del óleo de los enfermos y del óleo de los catecúmenos, así como la consagración del santo crisma, elementos fundamentales para la administración de los sacramentos a lo largo del año. A través de estos signos, la Iglesia garantiza la continuidad de su acción sacramental y su cercanía con el pueblo de Dios en cada etapa de la vida cristiana.
De manera especial, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando públicamente su entrega, fidelidad y compromiso con el servicio pastoral. Este gesto, de alto valor simbólico y espiritual, fortalece la identidad del presbiterio y consolida la misión evangelizadora de la diócesis.
La Misa Crismal se proyecta así como un eje articulador de la vida eclesial: no solo consagra los signos visibles de la gracia, sino que también renueva el liderazgo espiritual y la cohesión institucional de la Iglesia en Loja, preparándola para vivir con profundidad el misterio de la Semana Santa.







