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Loja celebró la fiesta de San Sebastián; Patrono Jurado de la ciudad

Loja celebró la fiesta de San Sebastián; Patrono Jurado de la ciudad

Con mucha fe y devoción, los días 19 y 20 se celebró la tradicional fiesta en honor a San Sebastián, patrono jurado de nuestra ciudad.

El día 19, durante las vísperas, la imagen de San Sebastián descendió desde la iglesia que lleva su nombre hasta la Iglesia Catedral, donde se celebró la Eucaristía de fiesta. Al día siguiente, en horas de la mañana, la imagen retornó en procesión desde la Catedral hasta San Sebastián, acompañada por un gran número de fieles, así como instituciones educativas y autoridades que se unieron a esta manifestación de fe.

Las celebraciones eucarísticas fueron presididas por Monseñor Walter Heras, obispo de nuestra diócesis, y concelebradas por el padre Luis Marcelo Enríquez, párroco de San Sebastián, y el padre Cristian Macas, vicario general.

Fue una fiesta vivida con alegría, unidad y profunda devoción, reafirmando nuestra fe y tradición.Cada 20 de enero se celebra la fiesta de San Sebastián, mártir, patrono de la arquería, de los soldados y los atletas.

Sebastián nació hacia el año 256 en Narbona, hoy territorio francés, pero que en ese momento era parte de Milán y, por lo tanto, del imperio romano. Siguió la carrera militar con éxito y llegó a ser jefe de la cohorte de la guardia imperial romana, cargo militar de altísimo rango que obtuvo, con seguridad, gracias a su fuerza, arrojo y astucia (las virtudes habitualmente ensalzadas en quienes formaban parte de las milicias romanas).

Sin embargo, contra lo que podría esperarse de alguien al servicio directo del emperador Diocleciano, célebre perseguidor de cristianos, Sebastián se convirtió a la fe y abrazó la causa de Cristo.

Señala la tradición que Sebastián continuó con su carrera militar, pero dejó de participar en los rituales y ofrecimientos a los dioses paganos. Convertido a Cristo, se hizo consciente del sufrimiento de sus hermanos perseguidos, y se dice que aprovechó su cargo militar para protegerlos y ayudar, en la medida de lo posible, a los que caían prisioneros, víctimas de la persecución de Diocleciano.

Durante algún tiempo tuvo éxito en ese propósito, gracias a que cumplía con sus deberes militares con esmero y a que mantuvo en secreto su fe. Sin embargo, fue traicionado y denunciado por no participar en los rituales habituales, ni en las fiestas militares.

El día de su ejecución, San Sebastián fue llevado al estadio, despojado de sus ropas, atado a un poste y ejecutado. Sus antiguos subordinados fueron los encargados de dirigir sus flechas contra su cuerpo. Aquella escena debió ser simplemente terrible, tanto que ha quedado inmortalizada y ha servido de inspiración para cientos de obras de arte a lo largo de la historia. Quizás también, ha contribuido a perennizar su devoción, dado su profundo dramatismo.

De alguna manera, el cuerpo de San Sebastián, cubierto de sangre, atravesado por las flechas, constituye algo así como el paradigma del mártir o Santo: un intercesor en los momentos más duros, cuando se es blanco de los ataques del maligno o de la perfidia de quienes odian o se ensañan con sus víctimas.

Su muerte aconteció el año 288. Existe una leyenda, que señala que sobrevivió a los flechazos y fue curado por Irene de Roma. Recuperado, San Sebastián habría sido nuevamente denunciado y ejecutado a latigazos.

Es bien sabido que San Sebastián es muy querido en todo el mundo. Prueba de ello son los cientos de lugares, obras de la Iglesia e instituciones que llevan su nombre; así como las festividades que se celebran en su honor alrededor del mundo. Se pide la intercesión de San Sebastián contra las plagas, las enfermedades, las heridas por flechas y las persecuciones.

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