En las reconfortadoras palabras de San Juan, nos da una centralidad plena de reflexionar en las palabras mas dulces de ser el Buen Pastor, de “dar la vida”, por sus ovejas.
Su espiritualidad se recoge en la figura de “Jesús Buen Pastor” (cf. Jn 10, 11-18). La espiritualidad del sacerdote y de todo hombre de buena voluntad: es vivir a la manera de Jesús Buen Pastor, entregando su vida como él, al servicio de los hombres y de Dios.
La vida del sacerdote, y toda su espiritualidad se recoge en la configuración personal, con la persona de Jesús Buen Pastor. El dar la vida, es la manera de gastar su vida por el rebaño, nadie dona la vida de manera espontánea, sino es plenificación de la figura de Jesús, donación total, hasta la muerte y una muerte de Cruz.
Lo afirma Helder Cubas, sobre la espiritualidad: “la espiritualidad del sacerdote diocesano estaría marcada no solo en la acogida del proyecto de Jesús, marca con su vida para todo cristiano; sino fundamentalmente, por la identificación íntima con ese proyecto, a la manera de Jesús, con su mismo espíritu” (Cubas Barboza , pág. 12).
Al estilo de Jesús Buen Pastor, el que acoge el proyecto de entrega y sacrificio, no solo, lo acoge, sino lo hace vida, entre su vida y se dona para una eficaz santificación de vida. En la vida del pastor, se ha va uniendo la espiritualidad, que es buscada y moldeada en el ejercicio de su ministerio. Ministerio que se dona y se sacrifica por el rebaño, que le ha sido asignado.
Los retos y desafíos actuales, para el Pastor, ha de ser el cultivo pleno de una vida interior, y sobre todo el reto a estilo de Buen Pastor , es vivir como Jesús, en la realidad de su nada y desprendimiento, en las virtudes evangélicas: pobre, casto y obediente. Integrando su vida entre su “ser” y la “manera de estar”.
La Invitación es actual, en su momento el Papa Francisco decía: “quiero pastores con olor a oveja”.

Autor: Pbro. Alex Martínez